martes, 17 de junio de 2014

Cuatro Gatos

Para el taller Cuatro Gatos, para su equipo al completo, por haber hecho feliz a mi hijo mayor.







Erase una vez una gata negra que no conocía su nombre.


Erase una vez una artista enamorada y enredada en el Arte.


Erase una vez una vieja carbonera olvidada en un barrio antiguo, tan antiguo que dicen las crónicas de la ciudad que nació antes incluso que la propia ciudad y de una iglesia tan antigua como el propio barrio. Una carbonera con una atmósfera especial y unas vigas de maderas que delataban mucho pasado a sus espaldas.


Erase una vez tres historias que no sabían que se iban a entrelazar convirtiéndose en una sola.


La artista enamorada del arte llegó un buen día a esta fría ciudad, con una maleta llena de utensilios de pintura, la cabeza llena de ideas y bocetos y una pregunta: "Esta ciudad me ha llamado de algún modo, llegué aquí buscando algo y aún no sé qué es. ¿Qué me llama con tanta intensidad trayéndome hasta aquí?". Volvía a sus raíces.


Caminaba pensativa en las estrechas callejuelas junto a la Iglesia que los lugareños llamaban de San Pedro cuando atisbó cual una sombra fugaz un pequeño gato negro que se colaba por una ventana en la que había un cartel: "Te busco. Entra".


Curioso cartel pensó la artista. Tocó la puerta y dentro le informaron que aquella carbonera buscaba dueño. La artista abarcó el lugar de una sola mirada, vio un jardín coqueto lleno de posibilidades y la gatita tranquilamente tumbada en el cesped. Por la ventana, pasaba un niño con una caja llena de tizas de colores.


Entonces supo qué era lo que le había estado llamando en sueños durante los últimos meses. La pequeña y vieja carbonera, la gatita negra y una nueva ilusión.


Se quedó la carbonera y la gata negra. A la gata la llamó Pelusa y a la carbonera Cuatro Gatos en honor a un local barcelonés lleno de Historia, Arte y Letras (pero en mayúsculas además) y llenó el lugar de niños, de colores, de caballetes, de pinceles, de ideas y sueños, núcleo y base de pequeños artistas plenos de una creatividad que solo con una pequeña sugerencia estaban deseando sacar.

lunes, 19 de mayo de 2014

El guardián de sueños y saberes


Dedicado al Museo del libro de Burgos.


Érase una vez...

Una ciudad castellana en la que cohabitan varios museos. Suele ser lo habitual, podéis contestarme, pero en este caso, en esta vetusta y fría ciudad hay uno que al menos a mis ojos es especial. Más pequeño que los demás, más recogido que los demás. Guarda entre sus paredes tablillas, grabados y papel. Repleto de Historia con H mayúscula, de historias y de letras que son las que forman palabras y las que guardan esa "Historia con H mayúscula".

Como en todos los museos en los que os adentréis, una vez que pasas dentro, cambia la atmósfera que te envuelve con un toque de intemporalidad. El tiempo se detiene porque en su interior contiene todos los tiempos. Desde el pasado más lejano hasta el presente. Es un lugar recogido, acogedor, diferente, profundo y sabio.

Noto que empezáis a preguntaros de qué museo se trata. Hablo del Museo del libro: Desde el principio hasta nuestros días. Desde tablillas de barro a verdaderas joyas del conocimiento en papel. Guardián de mapas, de criaturas mitológicas, de flora y fauna, de cielo y estrellas, un verdadero microuniverso en sí mismo.

Durante el día, los visitantes suben y bajan sus plantas, entreteniéndose en aquellas piezas que más llaman su interés. Murmuran sus impresiones y dejan alguna frase escrita en el libro de visitas. Talleres y conferencias animan aún más su interior durante las tardes y hacen pensar en un museo siempre en movimiento.

Pero..., en todas las buenas historias suele haber un pero que hace intuir un giro y este es nuestro pero en concreto:

Como decía...pero ¿y cuando cae la noche? Nadie ha sido testigo pero se cuenta que después de oscurecer, cuando el lugar cierra sus puertas al público, la paz queda interrumpida por los objetos que la moran.

Las palabras salen de los libros y las imágenes cobran vida. Escapan del edificio y vuelan entre tejados y chimeneas. Cada una con un rumbo diferente a lo largo y ancho de la ciudad. Todas tienen un destino, entran en los sueños de los moradores de la urbe con una única misión,convertirse en en cartas, sueños, ideas, trabajos de colegio.

Quien duerme no es consciente del cambio de rumbo de sus sueños pero al día siguiente se despierta con una vitalidad que le lleva a emprender, a acometer su actividad diaria con una renovada energía, con mayor imaginación, con otra perspectiva. 

De todos es bien sabido lo reparador que resulta el sueño nocturno pero nadie sabe exactamente por qué. Yo sí y ahora vosotros también.


lunes, 28 de abril de 2014

Libro Dormir sin Llorar - El libro de la web

Hace casi siete años, al nacer mi hijo y navegando por Internet en busca de respuestas, me encontré la siguiente estrofa del poema "CUANDO DUERME UNA MADRE JUNTO AL NIÑO", de Miguel de Unamuno:



"Cuando duerme una madre junto al niño

duerme el niño dos veces;

cuando duermo soñando en tu cariño

mi eterno ensueño meces."




Esa estrofa se convirtió en mi estrofa de cabecera, en nuestra estrofa, en nuestra canción, en nuestro lema y nuestro principio.

Había nacido mi primer hijo y algo se quebró en mí, naciendo de nuevo, como madre. Utilizo la palabra "nací" porque desde que llegó el bebé no fui "quien yo esperaba ser", la madre que yo imaginaba, sino que ya "una madre habitaba en mí", que fue la que surgió.

De la mano de Unamuno, de su estrofa y de la web Dormir sin Llorar, comencé un camino con una forma de ver el sueño infantil. Me sumergí en su Comunidad primero como lectora, escondida sin registro y tras seis meses como participante e integrante registrada.

Así comenzó la siguiente historia: Con una madre llena de dudas y de preguntas y de miedos y un bebé recién nacido que no dormía, que mamaba y mamaba y que lloraba y lloraba. Con estas piezas de puzzle comenzamos a armar nuestra existencia diaria, nuestras noches y nuestras siestas, arropada por miles de historias parecidas a la nuestra, abrazada por las madres más activas del foro. Amparada, sostenida.

Pasó el tiempo, agradecida me quedé en la comunidad, dispuesta a devolver lo que se me había dado, a poner mi hombro para que otras madres se apoyaran. Me quedé porque el foro era mi círculo de mujeres, mi tribu, esa tribu de la que tanto se habla en maternidad. Quedarse supuso dar un paso más y no solo eso, supuso un regalo que es el que os presento hoy:

El regalo tuvo forma de proyecto, forma de libro. ¿Qué más podía pedir yo? 

Han sido varios años de proyecto (muy intensos) y un hijo más.

Muchos días, muchas noches, mejores, peores, muchos bostezos y muchos ruegos o plegarias a Morfeo. Luchas interiores, dudas, suspiros.

Muchos "todo pasa y todo llega"... muchos momentitos y momentazos, confidencias con mi tribu. 

Y el proyecto del libro de trasfondo, tomando forma: los planes, los sueños, los borradores, las puestas en común, la incertidumbre, el miedo, la necesidad de perfección, "de estar a la altura de las circunstancias", la obsesión por ofrecer un buen apoyo a los padres, concienzudo.


Las compañeras de viaje, las "camaradas": Rafi, Roberta, Begoña, Merche, Cristina, Rosalina.

Todo un viaje, toda una experiencia. Un sueño hecho realidad.

El resultado, con todo el esfuerzo e implicación del equipo que da vida a este proyecto, es este libro que veis ¡y yo formo parte de él!.


Me quedo con todo lo vivido, con todo lo aprendido. Con la ilusión con la que acometí el proyecto. Con la satisfacción de haber disfrutado buscando, leyendo, escribiendo, creando (como el cuento de la teta cansada). Me quedo con la ilusión de saber que no he sido la única en dormir a mis hijos sin llorar, que no lo soy y que no lo seré y que de verdad, de verdad, estamos programadas para actuar así: Solo tenemos que escuchar y sentir, dejarnos llevar en los brazos de Morfeo, juntos.



Dulces sueños.




Puedes comprarlo aquí o en tu librería favorita.


Más información:



miércoles, 23 de abril de 2014

Día del Libro - 23 de abril

Feliz lectura,

feliz rosa.


Feliz búsqueda, feliz encuentro, navegando entre libros, hojas, olores y palabras.


Palabra.

Frase.

Párrafo.

Página.

Estrofa.

Canción.

Poema.

Ensayo.

Emociones.

Sabiduría.

Enseñanza.

Cultura.

Placer.

Sosiego.

Descanso.

Sentidos.

Prólogo.

Epílogo.

Principio.

Fin.



No dejéis de amar nunca la lectura. 

Feliz día del libro.




domingo, 13 de abril de 2014

Hija de la Luna (36 meses y 2 días)

Hace ya varios años atrás escribí dos pequeños cuentos que llamé "Dos pequeños pedazos de mi corazón". En ellos hablaba de mi experiencia maternal con la lactancia materna. En nuestro caso con la lactancia materna prolongada con mi hijo mayor.

Hoy quiero contaros otro pequeño cuento, en el que vuelco mis sentimientos con el fin de la lactancia materna de mi hijo pequeño, experiencia prolongada también.

Cuando te ves inmersa en lactancias largas, las etapas dentro de la misma evolucionan y estrechas un vínculo muy fuerte, lo que te lleva a tener sentimientos muy encontrados cuando esa etapa llega a su fin.

Espero que os guste.

Edito para escribir una dedicatoria: Quiero dedicar este cuento a Gemma, que navega en su propio destete y a Mar que navega en sus emociones para decidir. A ambas, os quiero mucho.


Primavera temprana, cae la noche, un día de abril.


Una mujer suspira en soledad junto a un riachuelo, buscando no sabe bien si desahogo o algún consuelo. Tiene cierta actitud preocupada.


Un árbol junto a ella, el viejo Sauce que la ha visto crecer, agita ramas mientras le pregunta: - Mujer, hija de la luna ¿qué te sucede?



La corriente de agua, notando los suspiros en su superficie, murmura a su paso: - Mujer, hija de la luna ¿Qué te sucede?


El viento fresco de la noche, enredándose en su pelo, le susurra: - Mujer, hija de la luna, ¿Qué te sucede?


Al observar que su desazón continúa, vuelven a hacerle insistentemente la misma pregunta: 


- ¿Qué sucede? Mujer, Hija de la Luna.


La mujer, bajito, sin apenas voz audible contesta:


- Durante treinta y seis meses he alimentado a mi hijo pequeño con las mieles de mi pecho pero hube de interrumpirlo por salud, puesto que enfermé y era necesario. 


El Viento, decide soplar algo más fuerte, más alto y aparta nubes.


En el horizonte, llena, luminosa, blanca y enorme, aparece la Luna. Ilumina a la mujer y le habla:


- Mujer, hija mía ¿por qué penas? 


La mujer vuelve a responder:


- Durante treinta y seis meses he alimentado a mi hijo pequeño con las mieles de mi pecho pero hube de interrumpirlo porque enfermé. Y terminó.


La luna, dulce, le replica: - ¿acaso alguien te culpa?


Y la madre, encoje suavemente los hombros y suspira. - Nadie salvo yo misma. Mis pechos gritan, Mi regazo, mis manos... mi cabeza rebosa de pensamientos y mi corazón de sentimientos contradictorios.


El astro nocturno, con voz maternal y condescendiente y aún más luminosa comienza a hablar.


- Durante tiempo te vi alimentarle, dice la luna, de leche y amor eterno, pero la Vida nos da y la Vida nos quita. No siempre sucede lo que deseamos cuando queremos o nos conviene. La Vida Es, por sí misma, con sus baches, sus piedras en el camino, sus alegrías, sus sorpresas.


Llora todas tus lágrimas, hija mía. No niegues tu pérdida, ni tu duelo por la etapa que cerraste. Despídela. Sin culpas, sin remordimientos. Después convierte esta tristeza de tus lágrimas en serenidad y fuerza. Tu regazo, tus brazos, tu contacto sigue y persiste. Vuestro vínculo queda cerrado en círculo, aposentado. Confirmado.


Seca tus lágrimas, hija mía, hija de la Luna y mira crecer a tu hermoso hijo, orgullosa de tu poder, Mujer.

sábado, 15 de febrero de 2014

Post - San Valentin

15 de febrero. Viene después del 14 y antes que el 16. Un día cualquiera, un día normal salvo porque ayer se celebraba "San Valentín".

No sé si existe "el día después" y su celebración para los "anti-sanvalentineros". Si así fuera supongo que será hoy.

Se acabaron los bombardeos de publicidad masiva sobre perfumes, orquídeas en pequeñas macetas con corazones a tres euros y promociones de bombones más una rosa, por supuesto roja. Desaparecieron los mensajes al móvil de las amigas, al correo electrónico con imágenes, presentaciones y canciones románticas dedicadas a Cupido, el amor y por ende al día del amor más comercial del año. ¡Ah las mujeres y el deseo de sentirnos deseadas!

Amanecimos de nuevo, envueltos en la normalidad. Tú y yo - yo y tú, binomio olvidado; nosotros y los niños - los niños y nosotros. Tú a tu trabajo, yo con los niños. La vida sigue. Y pienso: ayer te quería, igual que te quiero hoy y tal y como te querré mañana pero no te lo dije, ni te lo he dicho aunque me imagino que algún día volveré a decírtelo como hacía cuando "eramos novios".

Volveremos a ser dos y tendremos que presentarnos de nuevo. - Hola, ¿Cómo estás? - conocernos de nuevo, encontrarnos de nuevo. Sacudirnos esa rutina vestida de pereza.

Volveré a mirarte a los ojos, aquellos ojos jóvenes y enamorados y quizás cuando te reencuentre, se hayan vuelto más viejos y cansados pero tu mirada difícilmente habrá cambiado, guardando en ella el amor que hemos sentido y no nos hemos dicho estos años.

Te diré que siempre he estado aquí, junto a tí. En los rincones, en las sombras, en los silencios. En los juegos, en los sueños, en las voces infantiles. Te diré que siempre fue San Valentín, incluso en las broncas y enfados, porque hasta en esos momentos demostraste la calidad que destilas.

Sin perfumes ni orquídeas en pequeñas macetas con corazones a tres euros ni promociones de bombones y rosas, por supuesto rojas.